Él me tocó
Texto:
Marcos 1:40-45;
Levítico 14:2-4;
Salmo 103:3
Objeto: una figura de un doctor o un estetoscopio.
Resumen:
Jesús cura a un leproso. Jesús tiene el poder de curar todas nuestras
enfermedades.
Poco después del nacimiento de nuestra hija mi esposa necesitaba que le
sacaran la vesícula. Nuestro pastor nos visitó en el hospital y nosotros
oramos por ella. El Doctor ingresó a la sala de espera después de la
operación y nos dijo que los cálculos biliares habían pasado al órgano
siguiente, el conducto biliar, y necesitaría ser sacado el día
siguiente. Recuerdo el
Salmo 103:3
y que es El Señor
El que sana todas tus dolencias.
Otra vez, les pido que recen con nuestro pastor, y que oremos por su
curación completa. Yo sabía que Jesús podía curar todo. Yo solamente
necesitaba rezar con fe.
Al
día siguiente el doctor vino a la sala de espera después de unas horas en la
sala de operaciones. Su cara estaba pálida y él parecía desconcertado. Él
explico que había hecho algunos rayos-x (fotos de lo que está dentro de tu
cuerpo) mostrando los cálculos del día anterior en el conducto biliar ¡Él no
podía realizar la operación porque ahora las radiografías mostraban que los
cálculos biliares se habían ido totalmente! Jesús había hecho la operación.
Le dije al doctor que yo aún creía en milagros. ¡Jesús es el Gran Médico que
curó a mi esposa!
Regresando a aquel milagro, creo que Dios no lo hizo solo para fortalecer
mi fe, sino que también para darle un testigo al doctor. Hoy quiero contarte
acerca de una persona que tenía una enfermedad terrible llamada lepra que
Jesús curó.
[Lea en voz alta
Marcos 1:40-45]
La
lepra es una enfermedad que causa manchas redondas rojas dolorosas en la
piel de una persona y puede causar ceguera y rotura del hueso de la
nariz. Hace a la persona verse horrible. No es muy contagiosa, pero
podría expandirse después de un contacto cercano de un largo tiempo.
Dios bendijo a su gente con avanzado cuidado medico muchos años atrás.
Dios le dijo a Moisés como curar a los leprosos. Él los hizo vivir
alejados de la cuidad en un área separada. Es llamada un área en
cuarentena.
El leproso tenía fe en que Jesús podría curarlo y le rogó a Jesús que lo
hiciera. Llenaron a Jesús de grandes cuidados y preocupación. No sabemos
específicamente, pero estoy suponiendo que Jesús siguió su camino por la
colonia leprosa a visitar al enfermo. Los cristianos todavía vamos hacia
a aquellos con SIDA y otras enfermedades para cuidar de ellos como Jesús
lo hizo. Luego Jesús hizo algo que nadie estaba dispuesto a hacer. Él
tocó al leproso con su mano. Otra gente ni siquiera se acercaría, mucho
menos tocarlo. Ellos tenían miedo de contagiarse la lepra.
¿Pueden imaginar que maravilloso debe haber sido para el pobre leproso
sentirse tocado por otra persona? Jesús dijo,
Quiero, sé limpio. Instantáneamente
la lepra dejó al hombre. ¡Él fue completamente curado por las palabras
de Jesús! Jesús no tenía que tocarlo, pero lo hizo de todos modos porque
sabía cuanto significaría para el leproso. Lugo Jesús ordenó al leproso
que se mostrara ante un sacerdote para mantener la ley de limpieza de un
leproso. (Levítico
14:2-4)
Jesús vino a cumplir la ley, no a eliminarla. Esto no solo fortaleció la
fe del leproso, sino también fue un testigo para el sacerdote. Los
sacerdotes eran doctores de la ley. Este sería un
testimonio para ellos. El hombre
estaba tan contento por ser curado que rápidamente difundió la noticia a
todos. Él estaba contento de decirles a los otros cuanto había hecho
Jesús por él.
Siempre que nos enfermemos, recordemos que Jesús puede curar cualquier
cosa. Ruega por curarte. Recuerda agradecer a Jesús por curarte. Así
como el leproso estaba contento por ser curado, deberíamos estar
contentos de decirles a los otros las grandes cosas que Dios ha hecho
por nosotros.
El texto sólo versión
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©1999
por Jim Kerlin. Todos los derechos reservados.
Escritura tomada
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